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Sobre la Necróplis Tumular

La presencia humanase atestigua en las tierras interiores del valle del Navia a partirde tiempos neolíticos. Sullegada se produjo hace unos6. años, cuandocomenzaban a generalizarse en todo el occidente europeo modos de vida queexploraban formas rudimentarias de agricultura y ganadería que, en poco tiempo,habrían de conducir al definitivo abandono de la caza y la recolección como estrategia esencial desupervivencia. Esto significa que la llegada del hombre aestas tierras medias del valle delNavia es un fenómeno relativamente moderno respectoa la ocupación de la franjalitoral, donde los testimonios de ocupación humana se remontan a hace 300.000años.

Los factores que hubieron de concurrir para que se produjera aquella colonización pionera fueron de índole variada y atienden por igual condiciones climáticas, edafológicas y culturales. El aumento de temperatura y humedad constatado a partir de hace unos7.000 años, la conformación de suelos fértiles o la aplicación de innovaciones económicas relacionadas con la explotación del medio que, en un lento pero imparable proceso de expansión desde Oriente, habían sido experimentadas anteriormente con éxito en otras regiones europeas, confluyeron para que grupos humanos se aventurasen en estos territorios y se convirtieran en sus primeros usuarios.

Las comunidades neolíticas apostaron fundamentalmente por una economía de base ganadera que requirió la disposición de amplias superficies de pasto y, en consecuencia,la progresiva de forestación de su entorno. Semejante empresa fue posible gracias al desarrollo de nuevas herramientas como el hacha pulimentada, que habrá de convertirse en el útil más representativo de este periodo de nuestra Prehistoria. (30. Hacha pulimentada de Xestoselo)

En un paisaje de media montaña como el que nos ocupa es probable que aquellos primitivos asentamientos tuvieran un carácter estacional, limitado a los periodos en el que tanto las condiciones meteorológicas como la explotación de los recursos propios de este paisaje eran más favorables. La trashumancia entre la región costera y el interior se vio además favorecida por una orografía que facilitaba ‐y así ha seguido siendo hasta la actualidad‐ losi tinerarios Norte‐Sur. Los principales cordales montañosos de la comarca se extienden, con un perfil escalonado entre los 1.200 y 500 m, desdelas estribaciones de la cordillera cantábrica hasta alcanzar la rasa costera. La denudación progresiva de estas sierras,cuyo origen se remonta a época herciniana, ha generado líneas de cumbre amplias y de suave topografía que facilitaron desde la Prehistoria un cómodo tránsito entre las tierras interiores y la costa y, desde entonces, consolidó estos espacios de montaña como itinerarios preferentes pues, amén de su accesibilidad y ventajosa visibilidad, evitaban para las personas y animales los riesgos inherentes al vadeode ríos o el paso por zonas boscosas.

Son precisamente estos paisajes de cumbres los que ofrecen los testimonios más abundantes de una colonización que se muestra plenamente establecida a lo largo del Neolítico (4300‐2500 a.C.).Así ocurre en el conjunto de la región asturiana y, por supuesto en su montaña occidental, con la Sierra de Penouta como ejemplo. Sin embargo, estas evidencias son,en nuestro caso y a pesar de su relativa abundancia, limitadas en su diversidad pues corresponden exclusivamente a manifestaciones funerarias: los túmulos.

Se trata de montículos artificiales construidos por aporte de tierra y piedras que custodian bajo la masa tumular, en hoyos excavados en el suelo o en cámaras de piedra instaladas en su seno, los cuerpos de los difuntos o parte de sus despojos. Se presentan al exterior como una semiesfera que originalmente pudo alcanzar varios metros de altura. Con frecuencia pueden advertirse hoyos y trincheras excavados durante siglos,generalmente en su zona central, por aquellos que se dejaron seducir por la tradición ancestral que localiza en su interior fabulosos tesoros.

Sin duda alguna, la construcción de los túmulos ‐denominación habitual para este tipo de arquitectura neolítica‐ además de servir como depósito funerario respondían a otras intenciones que justifican su privilegiada situación geográfica y la monumentalidad de la obra. Ambas circunstancias les otorgan una visibilidad notable que les permitió ejercer la  función de marcadores territoriales, hitos paisajísticos sobre los que aún hoy, transcurridos miles de años, se superponen con frecuencia divisorias concejiles.

En el espacio comprendido por el PARQUE TUMULARDE PENOUTA territorio sobre el que hoy se extienden los concejos de Pesoz y Grandas de Salime se han identificado un total de 7 estaciones tumulares que agrupan los restos de una veintena larga de monumentos prehistóricos. Aunque algunos de ellos alcanzaron originalmente una envergadura notable, en la actualidad, al localizarse en zonas roturadas desde antiguo, presentan por lo general un avanzado estado de arrasamiento que dificulta su reconocimiento incluso a los ojos de cualquier investigador experimentado.

La Sierra de Penouta alberga cerca de una veintena de estos monumentos que se distribuyen en el Inventario Arqueológico oficial en 6 conjuntos diferenciados. Todos ellos han sido objeto del secular expolio por lo que sus cámaras se presentan vacías y generalmente desprovistas de lastra de cobertera. Son frecuentes las huellas de pozos y trincheras en otros puntos del túmulo. El saqueo de estas tumbas prehistóricas ha tenido como principales protagonistas a los buscadores de tesoros,los chalgueiros, pues la tradición popular identificaba esto túmulos como escondrijo de inmensos tesoros que habrían sido depositados en tiempos oscuros por moros legendarios.

En tramo de sierra comprendido por el PARQUE TUMULAR DE PENOUTA se pueden reconocer 7 túmulos, cada uno de ellos identificado individualmente mediante una discreta señalización. (Notas de D. Ángel Villa Valdés, Arqueólogo adscrito al Museo Arqueológico de Asturias sobre la Necrópolis Tumular de Penouta)

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